El universo Ottonello: galaxias musicales montevideanas 

Ismael Viñoly


Un músico de jazz que no es solo eso, sino que trabaja en constante diálogo con diversos géneros. Un baterista que con su instrumento persigue una identidad montevideana, construida sobre el candombe y el jazz; y que con la síntesis de sonidos electrónicos construye pasajes instrumentales hipnóticos que invitan al oído a aventurarse en ellos. Mateo Ottonello es un talento que ya no es un secreto a voces y su prestigio entre los músicos locales crece y es incuestionable. A días de la edición de su último disco repasamos el recorrido que lo trae a El Camino por Adentro. 

El baterista, productor y docente posee una larga trayectoria musical que en lo discográfico se remonta al 2018 y que también está caracterizada por la constante colaboración y el intercambio con músicos de distintos palos. Fue parte del último grupo de Claudio Taddei (al que homenajeó en sus Sesiones en la Tostaduría). Grabó con Julieta Rada, ha tocado con Urbano Moraes y con el hitmaker argentino Coti. Tiene un trío musical junto a Hugo Fattoruso y Rolo Fernández (grabaron un disco que se editará próximamente) y acaba de grabar con el legendario bajista de Luis Alberto Spinetta, Javier Malosetti. Por otra parte, su reciente colaboración con Juan Campodónico lo llevó a aportar baterías para el desfile de la casa de moda francesa Chloé (liderada por la uruguaya Gabriela Hearst, su directora creativa) y en abril marcha a Nueva York para grabar un disco junto a Hernán Jacinto, con quien tiene un dúo.

Por si todo eso fuera poco, su actividad no se limita a tocar, sino que además da clases de batería y organiza residencias musicales como La Residencia Ottonello y DoMingus, ámbitos en donde la diversidad musical se da cita para tocar e improvisar en vivo. Para terminar de ubicarlo: Nair Mirabrat, Juan Ibarra y Mariano Gallardo Pahlen son nombres con los comparte sello (Little Butterfly Records) y le dan una primera forma al círculo de Mateo Ottonello, un músico que a sus 27 años elige el camino del trabajo y del constante crecimiento.

Al igual que sus colaboraciones su sonido es heterogéneo. Hay candombe, funk, electrónica, pop y –por supuesto– jazz. Una cultura musical formativa para Ottonello, ligada a la improvisación y a la interpretación en vivo, instancia en la que Mateo parece sentirse muy cómodo. Por otra parte, en sus composiciones las letras prácticamente enmudecen para entregarse a la musicalidad de su instrumento y su propuesta: una música instrumental montevideana. En esta línea, Ottonello dijo a Piiila, que brega por una música que vaya más allá de las palabras y “que no te diga cómo te tenés que sentir”, sino que al apreciarla quien la escuche “saque sus propias conclusiones”. En esta línea, lo instrumental parecería ser casi una militancia. Busca “sacarla del nicho” y afirma que “los festivales musicales deberían contar con un cupo de artistas instrumentales”.

Este sonido habita en su discografía desde su debut 1612 (2018). Un álbum en donde la música viaja prácticamente despojada de palabras. Por ejemplo, en la canción que da nombre al disco presenta un candombe tocado de forma vital y fresca por un grupo de intérpretes disfrutando del estudio. Para Ottonello, el disco supuso un trabajo “ambicioso” con “el que buscó irse del país”. El registro muestra sus capacidades técnicas y compositivas y oficia como una excelente carta de presentación. Si su primer registro es correcto, su recorrido vira hacia un sonido más “ácido” y tecno futurista en El León Ya No Ruge (2020). Es un simple que recuerda al músico californiano Thundercat y donde el juego y los sintetizadores ganan protagonismo. Por este motivo la canción sirve como la antesala y como un eslabón perfecto para ingresar en El Camino Por Adentro.

El primer lanzamiento del 2023 para Little Butterfly Records se gestó en plena pandemia cuando Ottonello se propuso componer un disco. Fue en abril del 2021 cuando empezó a grabarlo en el estudio Peloloco junto a Emilio Ferraro. Adentro” parecería ser fruto de la idea de desandar el camino de las expectativas ajenas e ingresar en un mundo interior: de romperse para encontrarse. Ya sin ganas de irse a vivir afuera y sintiéndose cómodo con Montevideo, baja sus ambiciones y la “baja” presenta, paradójicamente, algunas de sus notas más “altas” en lo musical.

El camino arranca con Regreso que nos sumerge entre arpegios de guitarras, percusiones y trompetas en una cadencia candombera y misteriosa. Siete minutos que sobre el final “se derriten” entre sonidos digitales y le abren la puerta a Void. Sintética, alegre y pop, la canción se siente casi como un paseo en auto, acariciado por el viento y los rayos solares de sus sintetizadores. En contraste, en El Camino por Adentro (feat. Hugo Fattoruso), aparece la intensidad en todo su esplendor. Como con ganas de dejarlo todo, la banda compuesta por Ignacio Correa en bajo, Maximiliano Nathan en vibráfono y sintetizadores, Juan Olivera en trompeta, Santiago "Coby" Acosta en percusión y Marcos Caula en guitarras, se unen a Fattoruso para arremeter fuerte con su máximo volumen y expresividad. Juntos construyen nueve minutos de múltiples partes, capas y colores que son continuadas por la tensión en Brujo y la distensión en La Salvadora. Por su parte, Festejo (feat. Hugo Fattoruso)presenta una música que estimula a los oídos en un viaje intercalado con arreglos de teclados muy libres. Fue un Viento (feat. Luciano Supervielle) cierra el álbum con una balada misteriosa y romántica que por momentos me recordó a Angelo Badalamenti (compositor del soundtrack de Twin Peaks), pero que acá son escenificadas en una canción de jazz montevideano. 

Masterizado por Ángel Alvarez en Madrid, Mateo Ottonello es el productor artístico en todos los temas, toca la batería y también sintes, guitarras, percusiones y voces. En momentos en que la venta de vinilos alcanza nuevo récord, El Camino por Adentro también tendrá una versión a cargo de Little Butterfly Records que saldrá en los próximos meses. Mientras tanto, en plataformas, se puede escuchar El Camino, un disco bien ejecutado con una voz propia, que parecería seguir la máxima del autor Hans Christian Andersen, quien dijo que “donde las palabras fallan, habla la música”, y precisamente es en ese límite donde parecería empezar el universo Ottonello.