Juan Wauters recupera su nombre completo para mostrarse lo más genuino posible

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Kristel Latecki

Pasaron muchos años para que Juan Wauters pudiera tocar por primera vez en su ciudad natal. Su debut fue en abril de 2016, con un show emotivo donde se juntaron fanáticos que lo venían escuchando desde The Beets, nuevos oyentes que se engancharon con su carrera solista, vecinos y amigos de la infancia que lo recordaban con cariño.

Tras su primera llegada a Latinoamérica con su guitarra, Juan decidió extender su estadía y visitar diferentes puntos del continente en busca de nuevas canciones. Cargando un estudio portátil, el músico paró por Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Lima, Ciudad de México y Puerto Rico, donde encontró inspiración, sonidos y colaboradores para crear su nuevo proyecto: La onda de Juan Pablo. El resultado es el disco más latino de Juan, cantado puramente en español, y como tal, debía llevar por primera vez su nombre completo.

Esta es la excusa que lo trae nuevamente a Montevideo, para ofrecer una presentación en La Trastienda de estas nuevas creaciones.


En el video de presentación de este nuevo disco decís que Nueva York te enseñó el “hustle”, y fue la ciudad que además te llevó a la música. Ahora que pasaste bastante tiempo fuera, ¿reconocés parte de tu identidad arraigada a la ciudad?

Sí, ¡definitivamente SÍ! A pesar de que viajo mucho y conecto con muchos lugares, reconozco que mi personalidad está mayoritariamente marcada por Montevideo y Nueva York. Es en esos lugares donde yo me he formado e inevitablemente han marcado mi personalidad. Me identifico mucho con los dos lugares.

Allá por 2016 cuando hiciste tu primer show acá en Montevideo ya comentabas la necesidad de cantar en español para conectar mejor con la gente. Fue ese el puntapié de La onda de Juan Pablo?

Sí, la idea de grabar un disco en español surge después de las primeras presentaciones que yo tuve en Latinoamérica. Al venir hacia estos lados me di cuenta de que tengo una audiencia que me escucha desde acá y quise cantarle en nuestro idioma en común. Yo siento que a través de mis canciones comunico mucho con las letras, y ya que puedo tocar acá quise hacer un repertorio en español para llegar directo al grano con mis semejantes de por acá.

¿Hay gente que te diga “Juan Pablo” o te quedó el “Juan”? ¿Qué significa volver a tu nombre completo para titular un disco?

Mis padres y familiares me dicen Juan Pablo. Todos mis amigos de la niñez me conocen por ese nombre también. Decidí usar mi nombre completo para esta etapa porque lo veo muy significativo. Cuando me mudé a Nueva York pasé a ser Juan P. Allá no se usan los dos nombres, se usa el nombre y la inicial de tu segundo nombre. Al tomar mi nombre completo siento que me encuentro con el “yo” de verdad. El que soy desde el día que nací. Eso no cambia al yo que he sido, sino que me presento una vez más, mostrándome de la manera más genuina posible.   

¿Qué te inspiró en particular de América Latina? ¿Qué sonidos de por allí se pueden encontrar en este disco?

Más que nada me gustó la cantidad de música en vivo que se escucha en muchos de estos países que visité. Mayoritariamente me impactó ver a músicas en sus contextos originales. Me impactó mucho ver un arpa andina tocada por un peruano en Perú, ver un guitarrón chileno tocado por un chileno en Chile. Todo eso me abrió la cabeza a que las músicas existen en un contexto geográfico y cultural.   

Este es además un proyecto muy colaborativo, ¿cómo fuiste encontrando las personas y los instrumentos locales para grabar?

La idea era estar un mes en cada país. Durante ese mes, salía todos los días en búsqueda de música que me llamara la atención. Quería tocar con personas y escuchar música bien diferente a todo lo que venía acostumbrado a hacer. En estas salidas me encontré con mucha gente; gente que se interesaba en el proyecto y participó, y gente que no. Fue una muy linda experiencia, especialmente porque antes de salir en el viaje no tenía idea cómo iba a ser el disco y al final surgió un disco que para mi gusto es divino. Me encantó compartir con toda la gente q me encontré y aprendí muchísimo.

En el disco hay un track titulado Candombe Instrumental que precisamente lleva este ritmo. ¿Me podés contar cómo surgió ese tema? ¿Quién es la persona que hace el recitado?

Yo fui al Liceo No. 5 cuando estaba en Durazno y Ejido. De esos años de mi vida yo recuerdo a los compañeros tocar el tamboril en las fiestas de fin de año y la pasábamos re bien. También tengo el recuerdo de ir a las llamadas de niño con mi mamá. Mi abuela vivía en Durazno y Convención, y en verano me acuerdo de bajar con mi madre a ver a los tambores. Tengo mucha conexión con ese ritmo. También quizás se amplificó cuando nos fuimos y solo existía como algo a la distancia. Igualmente, cuando estaba en el viaje se me ocurrió la melodía para Candombe Instrumental y salí a buscar sonidos de tamboriles en la ciudad. Inicialmente quería que sean tambores grabados en la calle pero se me complicó grabarlo así, ya que la métrica no era muy consistente y se hacía difícil grabar sobre ese ritmo. Al final, le pedí a mi amigo Gonzalo Redin (baterista de Los Prolijos) si podía grabar unos tambores y mandármelos. Esta es la única canción que tiene algo que fue grabado sin yo estar presente. Al llegar a Nueva York en junio, la terminé de grabar con algunas amistades de allá. Siento que este tema me representa mucho porque fue grabado en Nueva York y en Montevideo. Cuando lo estaba terminando el tema se me ocurrió pedirle a mi padre que recite un poema que yo había escrito sobre la canción. Creía que eso era muy importante, ya que mi padre me apoya mucho y influye mucho en mi estética. Quería que él esté ahí conmigo. Él tanto como mi madre me enseñaron la libertad de la expresión y viven esta vida conmigo.